"Jehová levanta bandera y la tierra será llena de su gloria". Así reza la pancarta que presenta a la expedición mejicana que terminó ayer de llegar al campo base del Everest. Una expedición peculiar desde su título: "Oración en la cima por la paz y el hambre en el mundo" y que ya se ha hecho notoria aunque sus equipos sólo permanecerán una semana al pie de la montaña.
Cuando sus miembros fueron vistos en Namche Bazaar, a mitad de marcha de aproximación, calzando botas de plástico para la nieve, algo estaba llamando la atención a quienes se acercaban hacia el Everest. Sus oraciones a cada paso que daban ante los obstáculos del glaciar de Khumbu fueron una nueva nota de excepción.
Era mediodía del miércoles cuando llegaban todos sus miembros al campo base. Les presentamos nuestros saludos mientras acondicionaban sus tiendas. Ana Mendez es la jefa del grupo, casada en México con el periodista español Torcuato Luca de Tena, corresponsal en el Distrito Federal de ABC y de la revista Blanco y Negro. A la jefa le acompañan en su proyecto de rezar desde la cima del mundo y en calidad de alpinistas otra mujer y dos hombres. El grupo se completa con dos norteamericanos, una colombiana, un costarricense, un gibraltareño y otros tres mexicanos que traen un proyecto evangélico; algunos de ellos sólo han practicado acampadas veraniegas, otros nunca han estado en una montaña.
Era miércoles por la tarde cuando un mexicano morenote y un lívido norteamericano se acercaban a nuestra tienda.
"¿Está el doctor?", preguntaron "Un compañero se encuentra con dolor de cabeza…"
Kepa Lizarraga atiende al alpinista de la expedición mexicana (Foto Santiago Yaniz)
Kepa Lizarraga se acercó hasta su campamento. Postrado, desencajado, estaba el norteamericano tendido entre sacos de dormir en una tienda grande que hacía las funciones de oratorio.
Lizarraga diagnosticó rápido: edema cerebral agudo. Se le introdujo en la cámara hiperbárica de la expedición vizcaina y se le suministró oxígeno. Mientras tanto a su alrededor se bendijo la tienda con aceites, se rezaba.
Kepa Lizarraga le suministró un corticoide para añadir al Diamox que ya había tomado; permaneció junto al americano en vela.
Cuando el enfermo se recuperó confesó no recordar nada; creía despertar en un ataúd de color rojo. Este sólo era el cajón mágico.
A las cinco y media de la mañana el doctor retornó al campamento. No eran aún las seis cuando la radio transmitía la voz de Bañales desde el campo I: "Kepa, hay aquí un coreano que lleva tres horas sangrando por la nariz y la boca; está bien pero va a bajar y quiere que le atiendas".
El coreano llegó hora y media después. Ya no sangraba pero estaba preocupado. El doctor le examinó: símplemente había hecho una hemorragia retronasal pero había tomado dos aspirinas para aliviar el dolor de cabeza y habían actuado como anticoagulantes.
A las nueve de la mañana tocaba visita al norteamericano. Sus dolores de cabeza persistían, veía termitas caminando ante él...
Exploración de fondo de ojo, medida de tensión… "El edema ya no es grave pero persiste; hay que bajar" ordenó el doctor.
Lizarraga ayer no durmió pero estaba satisfecho; su ciencia y el "cajón" habían salvado una vida.
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